A las Flores Salvajes de la Selva
Por Raúl H. Contreras Román
Sucede que estas flores salvajes, que brotan entre senderos vírgenes de las selvas del continente de Bolívar, no son de ocasión. No son fruto de la humedad que bordó la última lluvia, ni de la casual visita de un pájaro migrante que trajo la semilla libertaria en su pico.
Mas ahora estas flores parecen ser fósiles vivientes de tiempos pretéritos, en que la primavera de las flores salvajes sucedía cada mañana.
¡Están rodeadas! ¡ya quemamos y talamos media selva! ¡les queda poco espacio donde esconderse! Dicen hoy sonrientes los señores.
Algunos se sorprenden, y al oler desde lejos, siempre desde muy lejos, su perfume; pávidos tiritan pensando y sintiendo que están en otros continentes, en que la modernidad perdió la batalla, en que el salvajismo no ha sido derrotado. Existen quienes piensan o quieren creer o quieren mentir y hablan y escriben y mienten, diciendo que estas flores son la repentina expresión recalcitrante de aquellas que cerraron los ojos cuando un muro se vino abajo.
Otros apelan a la cientificidad y precisan de eufemismos compuestos para nombrarlas cual si fuera el descubrimiento de una especie no localizada de la selva: “terrorimscolombianis” “narcoguerrilleris” “chavistisbolivarianis” “marxististrasnochadis”…
Engañan a oídos ignorantemente sordos, diciendo que estas flores están en extinción, que desde hace más de una década son estériles, que no tiene sentido ser flor salvaje imperfectamente bella; cuando las perfectas flores artificiales adornan los palacios y las cabezas que sujetan oídos ignorantemente sordos.
Pero al parecer la extinción de la que hablan no está tan cerca, al parecer la selección natural no hizo su tarea.
Sucede que las flores salvajes a veces pierden un pétalo y sucede que a veces dejan de murmurar, mas sólo es un silencio pasajero, que los radares no captan y que las flores salvajes ocupan para hablar y pedir consejos a las flores antes caídas.
Yo supe que de no haber flores salvajes, no habría continente. Porque sucede que estas flores salvajes, que brotan entre senderos vírgenes de las selvas del continente de Bolívar, no son de ocasión, ni son fruto de la humedad que bordó la última lluvia, ni de la casual visita de un pájaro migrante; sino que son apenas el retoño de la milenaria raíz que sujeta esta tierra, de la raíz que permite que este suelo no se hunda en el mar, de la raíz que de vez en cuando rompe la arcilla, para mirar al nuevo sol que nace y tiñe de rojo el cielo.

si todos fueramos flores salvajes, seguramente nuestro continente estarìa ya manchado con nuestra sangre, pero también con la sangre de los enemigos, de ellos no quedaría más que el recuerdo de lo sanguinarios y perversos que fueron y ya no seran, porque la emancipacion tiene que llegar es un deber, una obligación sembrar semillas, miles para que florezcan en libertad.
salvajemente