Reflexión de la izquierda en Colombia frente a las próximas elecciones presidenciales.
Ya se agitan las banderas electorales nuevamente, anunciando la fiesta de la democracia en la que el pueblo fue enseñado por la clase dirigente del país en más de medio siglo de hegemonía ideológica y control del Estado en Colombia, por parte de la Derecha consolidada, y heredera directa del fascismo Franquista. Esta inspiración capitalista recalcitrante, cuyo motor es el odio entre los hermanos de la misma patria, en beneficio de los intereses de la gran empresa, tiene por objetivo mantener a la población desorganizada, la opinión crítica sometida y la osadía asediada militarmente…
La responsabilidad exclusiva de tal situación recae en estos momentos históricos sobre el pueblo en su totalidad y a su inspiración se dedica esta reflexión. El despertar popular que camina sigilosamente por los campos y ciudades de nuestra nación, es la misma que libera Latinoamérica en estos momentos. La creciente certeza del fin de la opresión y la llegada de nuevos buenos tiempos para una población que por la instauración de una dictadura constitucionalizada, sobre la base de la destrucción gradual y sostenida del marco legal para la igualdad y la convivencia que inspira a la república, desconoce las mieles de las riquezas del territorio. Consolidando para sus 200 años el escenario total de la muerte cómo forma de gobierno de la corrupción oficial en la que el ser humano se encuentra abandonado de sus hermanos por obra del egoísmo capitalista.
Ha llegado el momento de asumir el reto de detener esta situación malsana, por acción del despertar popular.
El triste papel jugado por la izquierda electoral ha sido incapaz de ejercer el poder confiado por los ciudadanos y ciudadanas en contra del monopolio liderado por el actual presidente Álvaro Uribe Vélez, manteniéndose cerrados los canales de circulación de mensajes opositores, dejando ver claramente su rostro antidemocrático, en el que las alianzas son establecidas con los intereses del gran inversionista extranjero a quien en nada interesa la situación de la población. Dejando como resultado la realización de prácticas homicidas contra los seres humanos, sin otro propósito que la intimidación, la desestabilización emocional, social y política, escondiendo detrás de tal situación la corrupción, el asalto descarado de los recursos de los colombianos en beneficio de pequeños grupos cuyo único interés es la riqueza monetaria, despreciando el verdadero valor de la humanidad y el territorio, y sirviendo de parapeto para el funcionamiento desproporcionado de una economía del narcotráfico, la que se configura como el real impulso de la crueldad y el derroche que tiene como verdaderas víctimas a la población en su totalidad. La maquinaria comunicativa, socia incondicional de tal estado, servil a los intereses del narcotráfico y el paramilitarismo, forma real de la dominación, se entretiene con la usurpación de riquezas, cediendo las verdaderas riquezas materiales, energéticas, biodiversas, nutricionales, climáticas, a las corporaciones multinacionales que sí las estiman estratégicamente, en desarrollo de un programa global de dominación y control.
Este es un llamado a la conciencia militante de los 2.613.157 ciudadanos y ciudadanas que el día de las elecciones acudieron a las urnas para intentar desde allí, abrir los causes que generen el cambio justo y necesario que Colombia requiere. Es fácil decir esa cifra, pero decirla no vasta, para entender, cómo es posible que el liderazgo que presentó un proyecto político, que no debió ser malo, o por lo menos debió ser mejor al que presentó el candidato Uribe Vélez, y decimos, debió ser mejor, por que sólo así se explica que 2.613.157 nos acompañaran y abrazaran junto a nosotros y a los pueblos del mundo que ese día esperaban expectantes que se generara el cambio. Sólo abrazamos un sueño, pero despertamos, y vimos que el sueño no se había materializado. O por lo menos eso es lo que nos intenta hacer creer la derecha colombiana. Esa derecha que fue capaz con su poder mediático de convertir la victoria del pueblo colombiano en una derrota. Y quizás los que nos fuimos, por que estamos hablando de todos, a nuestras casas, nos fuimos con otra ilusión. La misma de siempre. Esperar cuatro años más a que la derecha nos autorizara para volver a soñar. En 2010 se han de cumplir esos cuatro años, y como este documento no tiene el ánimo de culpar, sino que nos anima la autocrítica necesaria, para recomponer la filas militantes de la paz, la libertad y la dignidad de los pueblos. Podemos despertar antes del 2010. y gritar desde nosotros mismos: Estamos a tiempo, Colombia vive todavía, y ha de seguir viviendo en la medida que esos 2.613.157 de electores, entendiendo la gran victoria de aquel día, podamos, digerir lo que es haber llegado en ese segundo lugar. Pero aquí surgen preguntas que un sólo ser no puede tener la responsabilidad de responder. Por ejemplo: por qué los líderes que nos hicieron creer en un proyecto, como el PDA, siendo la segunda fuerza electoral, no siguió resistiendo, organizando, avanzando para que en el 2010 materialicemos la llegada de la izquierda, junto a los movimientos progresistas a eso que la derecha llama Poder.
Y decimos, “eso que la derecha llama poder” por que nos preguntamos si, será la casa de Nariño? Será que sólo desde esas cuatro paredes muertas, y sólo desde allí se pueden gestar los cambios?. Tal vez, la confusión es simple, tenemos que entender que el poder no es la silla de Nariño, que el Poder Popular lo ejercemos esos 2.613.157 de electores, y decimos electores tal vez por costumbre, porque la palabra correcta debería ser, esos 2.613.157 militantes que levantamos las banderas de la Paz, la Justicia Social y la Dignidad de los Pueblos. Estamos a tiempo. Comencemos desde ya a ejercer el poder popular, desde la cotidianidad del rancho, del asentamiento campesino, de la fábrica, de los colegios y las universidades, al interior de los mismos organismos del Estado, al interior de las F.F.A.A., para que en el año 2010, si cada militante, cumple con la tarea de sumar cuatro militantes más, entonces 10 millones de colombianos estaremos gritando al mundo: Somos libres, ha comenzado otra historia!! De manera que esto no es una crítica, sino una invitación abierta a los que creemos que es posible una Colombia más humana. Y a los que tenemos la responsabilidad histórica de escribir esas gloriosas páginas que los hijos de nuestros hijos querrán leer. Colombia para el Pueblo, por que el Pueblo es Colombia.
Imaginémonos que en Colombia de esos que no creemos en el Sistema y no validamos con nuestro voto esa realidad. Qué tal si en el 2010 vamos a ejercer el voto, no para legitimar un sistema, sino para derrotarlo con la única arma que ellos mismos nos han dejado como defensa. Si ayer la abstención era una forma de combate, hoy se necesita que ese voto, sirva para algo, pero que responda a la lógica de los pueblos y no a la del sistema. El futuro es nuestro o de ellos. Pero es curioso. Sólo depende de nosotros.
Llamamos al pueblo a mandar, humildemente nos sometemos a su dirección. Convocamos la imaginación para sumar los proyectos de nación. A reconocer la realidad desde el pueblo. Comencemos desde la unidad a vencer el miedo. Defendamos nuestro derecho a organizarnos. Rechacemos la persecución y la muerte de los líderes, hombres y mujeres que construyen desde sus propios territorios una nueva realidad, siguiendo el ejemplar camino marcado por nuestros próceres, nuestros mártires, nuestras víctimas de esta persecución.
Movimiento Popular NuestrAmérica - Colombia
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